Los niños están más seguros cuando comprenden que los problemas no deben ser secretos, aun si un ser querido se enoja o se avergüenza si tú hablas sobre ello.
Están más seguros cuando hablan con los adultos sobre los problemas, ya sea que éstos parezcan.
Dile al niño: “Los problemas no deben ser secretos”. Guíalo para que diga esto en voz alta él también.
Dile: “Si has mantenido un problema en secreto, todavía puedes decirle a un adulto. Nunca es tarde para hablar sobre un problema. Hablar sobre los problemas es la manera de encontrar ayuda para estar a salvo.”
Dile: “Vamos a practicar. Hagamos de cuenta que soy tu amigo, tengo un gran problema. Te voy a contar lo que ocurre, pero tienes que prometerme que no le dirás a nadie.”
Entrena al niño para que responda tranquilamente: “Los problemas no deben ser secretos”.
Con los niños pequeños, puedes agregar: “Vamos a buscar ayuda”.
Con los niños mayores, puedes practicar más, y decir: “Quiero que seamos buenos amigos, pero mantener los problemas en secreto es peligroso. Y puede empeorar las cosas. Hablemos sobre cómo puedes obtener ayuda de un adulto que te escuche.”
