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Cuando se trata de seguridad, el Momento inicial de aprendizaje* es el mejor, si se hace de una manera que desarrolle la comprensión y las habilidades en lugar de crear ansiedad o miedo.

Es normal preocuparse por dejar a los niños pequeños con otras personas. Saber a qué prestar atención y cómo intervenir si tiene una inquietud es crucial para el bienestar de tu hijo. Este artículo es del libro The Earliest Teachable Moment: Seguridad personal para bebés, niños pequeños y niños en edad preescolar.

Los niños pueden beneficiarse de muchas maneras cuando son cuidados por diferentes personas; quizás esto ayude a asegurar un mejor ingreso para la familia, pueden aprender a estar cerca de personas que no son sus padres y pueden tener la oportunidad de aprender y jugar con otros niños en un entorno infantil.

Al mismo tiempo, la posibilidad de que sus hijos sufran algún daño es la pesadilla de todos los adultos que los aman. Los padres preocupados nos preguntan: “¿Cómo puedo asegurarme de que las personas a quienes confío el cuidado de mis hijos los van a mantener felices y seguros?”

El peligro puede presentarse de muchas formas, incluso en forma de falta de juicio. En San José, una ciudad cercana a mi hogar, ocurrió una terrible tragedia. Una niñera encargada del cuidado de un niño pequeño lo dejó con su compañera de cuarto por un corto tiempo. La compañera de cuarto cruzó las vías del tren a pie con el niño pequeño y luego le dijo al niño que esperara mientras ella iba por su bebé que estaba en el cochecito. El niño la siguió por las vías y fue arrollado por el tren.

Los niños son extremadamente vulnerables a lesiones o abuso como resultado de las decisiones de las personas que los cuidan. Incluso con cuidadores de programas acreditados, el comportamiento abusivo es un riesgo. Una niñera recibió la visita de su novio, mientras cuidaba al bebé de una familia. La familia del bebé no sabía que él estaría ahí. El novio se emborrachó, perdió los estribos y tiró al pequeño contra una pared.

Los niños no nacen sabiendo cuidarse. Si no están adecuadamente supervisados por personas responsables que toman decisiones seguras, los niños a veces hacen bullying o sufren de bullying, abusan a otros o son abusados, deambulan, trepan demasiado alto y se caen, se ahogan incluso en un par de pulgadas de agua, son atropellados por autos, ingieren sustancias tóxicas y juegan con fuego.

Los niños necesitan que los adultos los protejan hasta que ellos tengan las habilidades, la comprensión y la capacidad para protegerse a sí mismos. Esto significa tener adultos prestando atención cerca, especialmente en lugares públicos. Hace unos años, una abuela se sentó dentro de la casa mientras sus pequeñas nietas de tres y cinco años, jugaban afuera cerca de la calle. De repente, apareció un auto. El hombre que manejaba se detuvo, se bajó del auto y secuestró a la niña mayor sin que la abuela se diera cuenta de lo que estaba sucediendo.

La buena noticia es que los peligros de los cuidadores casi siempre se pueden prevenir. Permitir que otra persona cuide de los niños que amamos significa confiarle a esta persona lo más preciado de nuestras vidas. Los padres y tutores son responsables de seleccionar y supervisar el cuidado de sus hijos, tanto si se trata de cuidadores contratados individualmente como si se trata del personal de guarderías y escuelas.

Al mismo tiempo, es importante mantener el equilibrio. No quieres reaccionar de forma exagerada ante la presunción de algo perturbador, pues esto podría dañar la confianza de tu hijo para quedarse al cuidado de otras personas en el futuro.

Por ejemplo, había una niña de tres años a la que le encantaba hacerse chupetones a sí misma y a otros niños chupando la piel de sus brazos y piernas. La maestra trabajó mucho para detener este comportamiento, pero los niños disfrutaban del interesante fenómeno de ver manchas de color marrón rojizo en sus cuerpos. La maestra abordó el tema durante el momento de reunión grupal en el círculo, con todos los padres de los niños y directamente con la niña. Los padres reaccionaron de manera muy diferente a este problema. Algunos fueron respetuosos y ayudaron a la maestra a buscar soluciones. Otros se enojaron y exigieron que obligaran a la pequeña a irse, lo que le habría impedido aprender a cambiar su comportamiento. Una madre se molestó tanto que sacó a su propio hijo del programa, privándolo de un lugar educativo y amoroso con una maestra que adoraba. Eventualmente, los esfuerzos en conjunto lograron detener los chupetones. Lo importante era que el problema se abordara de manera efectiva, sin ser ignorado y sin entrar en pánico.

Es responsabilidad de los adultos garantizar que los entornos en los que ponemos a los niños y las personas a las que confiamos su cuidado sean física y emocionalmente seguros. Recomendamos que los adultos mantengan altos estándares al elegir a otros cuidadores:

  1. Buenas prácticas de limpieza e higiene, especialmente con la preparación de alimentos, el manejo de enfermedades y las prácticas de aseo/baño, para evitar la propagación de enfermedades.
  2. Protección apropiada para la edad contra peligros como el tráfico, sustancias tóxicas, objetos cortantes, agua, fuego, personas potencialmente peligrosas y perderse.
  3. Límites claros sobre el contacto físico, las burlas y el juego entre todos los adultos y los niños. Esto significa que cualquier cosa por diversión o afecto debe ser la elección de cada persona involucrada, segura y permitida por los adultos a cargo. Esto también significa que los padres o tutores tengan conocimiento sobre cualquier contacto físico requerido (como el contacto físico por razones de salud o higiene) y nunca es un secreto.
  4. Manejo efectivo y respetuoso del comportamiento, de modo tal que los niños sean guiados a interactuar con otros de manera positiva y detenidos cuando tienen un comportamiento destructivo, sin el uso de castigos, insultos o gritos.
  5. Supervisión adecuada, es decir que los adultos vean lo que sucede con los niños, se aseguren de que los niños estén donde se supone que deben estar e intervengan para ayudarlos a resolver los problemas de manera positiva en lugar de destructiva.
  6. Autorización específica de los padres y tutores para cualquier cambio en términos de quién estará con sus hijos, qué harán y adónde irán.
  7. Actividades apropiadas para la edad que ayuden al niño a aprender y crecer.
  8. Permiso para que los niños mayores siempre puedan llamarte si necesitan ayuda.
  9. En las escuelas, campamentos o grupos de jóvenes, políticas claras y prácticas para prevenir el bullying, el abuso sexual y otros tipos de violencia.

Las personas y las organizaciones no son perfectas y, a veces, las situaciones cambian. Estas son formas en las que puedes supervisar el cuidado de tus hijos:

  1. Investiga detenidamente quiénes estarán con tus hijos. Pide ideas y recomendaciones de otros. Mira alrededor. ¿Es la casa o el espacio para niños más pequeños a prueba de niños? ¿El ambiente es amigable para los niños? ¿Tus preocupaciones se abordan de manera respetuosa e integral? ¿O sientes que te responden minimizándote, como si te estuvieras preocupando innecesariamente?
  2. Tómate el tiempo para mantenerte en contacto y al tanto de lo que sucede, e incluye visitas sin previo aviso. Deberías tener siempre acceso fácil a tus hijos y ser bienvenido en sus entornos. Si tu hijo juega feliz y al verte se altera, aún puedes monitorear lo que sucede manteniéndote fuera de su vista.
  3. Plantea de inmediato tus inquietudes sobre cualquier problema potencial. Brinda retroalimentación con prontitud, firmeza y respeto. Insiste en obtener las respuestas que necesitas. No dejes que el hecho de que un cuidador o maestro tenga mucho conocimiento, actúe de manera encantadora o diga lo que quieres escuchar te detenga.
  4. Observa cualquier cambio en el personal, la ubicación, las políticas y las actividades que podrían afectar a tu hijo.
  5. Expresa claramente cuáles son tus expectativas con respecto a con quiénes estará tu hijo, qué hará y adónde irá.
  6. Sé realista. Los maestros y los trabajadores de cuidado infantil tienen un trabajo muy duro y, a menudo, se les culpa por el comportamiento de niños con problemas de límites o por el comportamiento de los niños al momento de ingresar al entorno de cuidado grupal. Si bien el trabajo de los maestros implica mantener el control, no pueden evitar todos los golpes, heridas o sentimientos molestos. Busca maestros que se esmeran por ayudar a los niños a comportarse de manera segura y apropiada. Busca maestros que aborden las situaciones contigo directamente y que muestran avances en ese sentido.
  7. Sé honesto sobre el comportamiento de tu propio hijo. Incluso los niños sanos y felices a veces tienen días malos o problemas para adaptarse a estar en un entorno grupal más grande. Debes estar dispuesto a escuchar comentarios críticos sobre el comportamiento de tus hijos, ya que estos comentarios tienen la finalidad de ayudar a tu hijo a tener el mayor éxito posible. Los comentarios críticos sobre un comportamiento específico con un plan o una pregunta sobre cómo ayudar son apropiados. Los comentarios críticos que atacan el carácter de un niño o te piden algo poco realista, no son apropiados.
  8. Asegúrate de que realmente entiendes lo que está pasando. Si crees que hay un problema, no saques conclusiones apresuradas ni te enfades. Tómate el tiempo suficiente para evaluar lo que está sucediendo y lo que debe hacerse. Ve y observa por ti mismo.
  9. Trata los asuntos que se relacionan con la seguridad física y emocional de tu hijo como urgentes. No dejes que el temor de herir sentimientos, avergonzar, ofender o incomodar a alguien te impida expresarte en favor de la seguridad y la autoestima de tu hijo.
  10. Expresa aprecio por lo que va bien. Los maestros y el personal de cuidado infantil suelen estar mal pagados y sobrecargados de trabajo. La mayoría de ellos son muy cariñosos y están comprometidos con el bienestar de los niños a su cargo. Asegúrate de hacerles saber cuánto aprecias lo que hacen por tu hijo y tu familia.

Recuerda que no existe un “padre sobreprotector”, y si alguien te llama así, responde con orgullo: “¡Gracias! ¡Solo estoy haciendo mi trabajo!”. Tu responsabilidad como padre o tutor de un niño es ser tan protector como consideres necesario, mientras encuentras maneras de darle a tu hijo la oportunidad de estar con gente nueva e ir a lugares nuevos.

Para obtener más información sobre los recursos de Kidpower para enseñar estas habilidades y conceptos de Seguridad con las Personas, visita nuestra Biblioteca (membresía comunitaria gratuita) y nuestra Tienda de Libros RelationSafe™.

Traducción de Ana Fernanda Uribe

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Fecha de Publicación: May 12, 2023   |   Última actualización: May 12, 2023

Kidpower Founder and Executive Irene van der Zande is a master at teaching safety through stories and practices and at inspiring others to do the same. Her child protection and personal safety expertise has been featured by USA Today, CNN, Today Moms, the LA Times, and The Wall Street Journal. Publications include: cartoon-illustrated Kidpower Safety Comics and Kidpower Teaching Books curriculum; Bullying: What Adults Need to Know and Do to Keep Kids Safe; the Relationship Safety Skills Handbook for Teens and Adults; Earliest Teachable Moment: Personal Safety for Babies, Toddlers, and Preschoolers; The Kidpower Book for Caring Adults: Personal Safety, Self-Protection, Confidence, and Advocacy for Young People, and the Amazon Best Seller Doing Right by Our Kids: Protecting Child Safety at All Levels.