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Therapist sitting and talking to teen boy with caption in Spanish about choosing a therapist underneathLa terapia puede ser tremendamente sanadora e importante para las personas de cualquier edad que han sufrido de abuso, bullying, que han enfrentado alguna experiencia traumática o que están atrapadas en un comportamiento destructivo hacia ellas mismas o hacia los demás. Aunque no todas las situaciones perturbadoras requieren terapia, obtener la ayuda profesional adecuada cuando tus hijos o tú la necesitan es una parte esencial de la seguridad personal.

Desafortunadamente, el terapeuta equivocado puede ser más perjudicial que beneficioso. La mayoría de las personas que hacen este trabajo son profundamente comprometidas y muy profesionales; pero algunas son emocionalmente manipuladoras o incompetentes. Incluso con un terapeuta excelente, la elección correcta para una persona puede no ser adecuada para otra.

A continuación te presentamos siete recomendaciones de expertos de nuestra comunidad de Kidpower International sobre cómo encontrar el tipo adecuado de terapeuta para tus hijos o para ti y cómo manejar el proceso de tratamiento.

1. Supera la resistencia. Darte cuenta de cuándo un problema es demasiado grande para manejarlo solos o con el apoyo de amigos, familiares y mentores afectuosos, respetuosos y empáticos es un gran desafío. Para adultos y niños, pueden existir una serie de sentimientos que pueden obstaculizar la apertura a la terapia:

  • “Es una tontería. Debería ser capaz de resolver esto yo mismo”.
  • “Es vergonzoso. No quiero que nadie más lo sepa”.
  • “No quiero pensar más en eso. Hablar solo me hace sentir peor”.
  • “Cuesta demasiado”.
  • “Estoy demasiado ocupado”.
  • “Ya fui a un terapeuta y no me ayudó”.

Aunque los tiempos han cambiado, muchas personas todavía sienten que existe un estigma asociado a la necesidad de terapia y es mucho más probable que los padres busquen terapia profesional para sus hijos después de una experiencia traumática que para ellos mismos, aunque su propia salud mental también es esencial para el bienestar de sus hijos.

Imagina que tienes una tubería con fugas en tu casa. Podrías comenzar tomando medidas para solucionarlo tú mismo o con la ayuda de una persona útil. Si esto no funciona y la tubería sigue goteando, buscarías la ayuda de un plomero profesional. Tendrías presente que mientras más tiempo dejes pasar, los daños causados por el agua en la casa serán mayores. Sabrías que permitir que alguien con buenas intenciones pero sin las habilidades adecuadas manipule tus tuberías probablemente causaría aún más problemas. Lo mismo se aplica a la hora de tomar la decisión de buscar un terapeuta.

Por lo general, los momentos difíciles no requieren terapia. Los niños y los adultos a menudo logran manejar la adversidad con la ayuda de su comunidad de familiares y amigos, especialmente si estas personas tienen buenas habilidades interpersonales como la escucha activa y la empatía. Sin embargo, a pesar de lo importantes que pueden ser estas relaciones para la resiliencia y la recuperación, las buenas habilidades interpersonales no son suficientes cuando alguien está luchando con problemas de salud mental y tiene dificultades en sobrellevar una situación.

Los consejeros profesionales pueden ofrecer experiencia adicional a través de:

  • realizar una evaluación de salud mental para ayudar a determinar cuáles son los problemas subyacentes;
  • ofrecer una perspectiva fundamentada y consejos sobre tu bienestar emocional y/o el de tu hijo; y
  • hacer recomendaciones sobre posibles soluciones.

Deben estar calificados para identificar la presencia de trastornos mentales, como la depresión clínica, más allá de la angustia que las personas normalmente experimentan cuando han tenido una experiencia perturbadora, como haber sido víctimas de bullying, etc. Si no están calificados para tratar trastornos mentales, entonces deberían poder guiarte sobre cómo acceder a la ayuda adecuada.

2. Infórmate sobre tus opciones. Incluso si son altamente recomendados y con muchas credenciales, los consejeros tienen diferentes enfoques, habilidades y cualidades personales. Encontrar a la persona adecuada para tu hijo o para ti es una decisión importante y vale la pena tomarse el tiempo para investigar.

Empieza por pedir recomendaciones a personas con conocimientos: un proveedor de atención médica, un psicólogo escolar o un líder religioso o espiritual que conoces y respetas. Hay muchos tipos diferentes de enfoques terapéuticos y lo que funcionará mejor dependerá de la naturaleza del problema y de la persona.

Además, el nivel de ayuda profesional necesaria dependerá de la gravedad del problema. A menudo, unas pocas sesiones pueden marcar una diferencia muy positiva muy rápidamente. Hay veces en que una persona está luchando con desafíos continuos que requieren de apoyo a largo plazo. Para problemas de salud mental más profundos, es posible que se requiera atención más especializada de varios profesionales, pero obtener la atención más especializada disponible puede ser contraproducente a menos que sea realmente necesario.

Extiende tu red y no te limites. Muchas personas se sorprenden al descubrir que la mejor opción para ellos podría ser un terapeuta con el que nunca habrían imaginado tratarse cuando comenzaron a buscar ayuda. Muchos de nosotros tenemos ideas preconcebidas de que la mejor opción es alguien como nosotros (en términos de raza, género, edad, orientación sexual, etc.). Pero a veces las mejores conexiones y oportunidades para la autoexploración ocurren con personas completamente “opuestas” a quienes somos.

3. Verifica credenciales y referencias. Busca las calificaciones y licencias de un posible terapeuta en línea. Cuando corresponda, las credenciales se pueden verificar a través de una sociedad profesional o agencia legal que licencie a psicoterapeutas, psicólogos, consejeros matrimoniales y familiares, trabajadores sociales o cualquier otro profesional capacitado que tenga licencia para brindar servicios de consejería individual.

El término “terapeuta” no está protegido y abarca una amplia gama de personas que van desde personas sin antecedentes profesionales o capacitación hasta profesionales con mucha experiencia, por ejemplo: psicólogos clínicos con formación en una amplia gama de enfoques terapéuticos. Tómate el tiempo para hacer preguntas, insiste en obtener respuestas que tengan sentido para ti y asegúrate de prestar atención a tu intuición.

4. Busca el “ajuste adecuado”. Entrevista a diferentes personas para que puedas elegir a la persona adecuada para tu hijo y/o para ti. Usa la siguiente lista de verificación para encontrar un terapeuta que:

  • escucha de forma atenta y empática, sin juzgar
  • recuerda quién eres y demuestra comprensión acerca de cuáles son tus problemas
  • actúa de forma respetuosa hacia todos en todo momento y, cuando es relevante, trabaja con todas las partes afectadas en una familia u otro grupo como un equipo
  • se enfoca en ayudar a empoderar a los clientes para encontrar soluciones en lugar de solo procesar sentimientos
  • mantiene excelentes límites personales y profesionales
  • acepta bien los comentarios y está abierto a que hagas cambios o tomes decisiones diferentes a las que recomienda
  • no apoya decisiones destructivas
  • adapta cualquier método para satisfacer tus necesidades en lugar de tratar de hacer que tu situación se ajuste al método
  • te ayuda a encontrar otros recursos cuando sea necesario
  • actúa con gran integridad en todo momento
  • puede demostrar experiencia en el tratamiento de personas con el tipo de problema, edad y necesidades de la persona que necesita ayuda
  • puede proporcionar evidencia de su matrícula profesional y el código de conducta requerido para mantener dicha matrícula
  • puede demostrar que mantiene sus habilidades actualizadas a través del desarrollo profesional continuo
  • respeta tu tiempo manteniéndose enfocado en tus preocupaciones
  • con respecto a los niños, mantiene a los padres informados sobre su progreso y responde preguntas.

5. Haz un plan y realiza un seguimiento continuo. Elabora un plan de tratamiento junto con la persona que elijas. Decide cómo vas a medir tu progreso y si esta persona te está ayudando a ti o a tu hijo de una manera que favorezca tus metas y se ajuste a tus valores.

Si es tu hijo el que va a la terapia, haz un acuerdo desde el principio sobre la confidencialidad. No guardar secretos es importante en una familia saludable, pero especialmente para los niños mayores, es posible que necesiten sentir que lo que dicen se mantendrá en privado para que puedan hablar con franqueza. Un terapeuta debe dejar en claro que, si bien se respetará la privacidad tanto como sea posible, ciertos asuntos, como los relacionados con la protección de los niños, no se pueden mantener en secreto.

Continúa evaluando cómo van las cosas usando la lista de verificación de la sección anterior. Aunque puedas desarrollar un vínculo emocional profundo con un terapeuta, recuerda que estás pagando por un servicio profesional. Asegúrate de que la persona elegida te ayuda a sentirte cómodo para expresar cualquier inquietud sobre cómo va la terapia. Establece límites sobre el uso de tu tiempo si un terapeuta se desvía del tema contando muchas historias que solo están vagamente relacionadas o dando consejos no solicitados fuera de tu propósito de estar ahí.

Si bien no es tu trabajo cuidar los sentimientos de tu terapeuta, asegúrate de expresar también tu aprecio por lo que está funcionando bien para ti y por la atención que esta persona te está ofreciendo.

A veces, un terapeuta es una excelente opción para una persona o familia y puede ser una fuente valiosa de orientación y apoyo según sea necesario durante muchos años a medida que surgen diferentes problemas. A veces, un terapeuta es muy útil por un tiempo y luego los problemas se resuelven, o tu y tu hijo han desarrollado mejores habilidades para manejarlos, o se necesita un tipo de consejero diferente.

La mayoría de los terapeutas hacen un excelente trabajo ayudando a sus clientes a reconocer cuándo es el momento de detenerse o cambiar y a honrar la importancia de sus propias fortalezas y relaciones en su sanación, en lugar de darle todo el crédito al terapeuta. Desafortunadamente, algunos retienen a sus clientes incluso cuando esta no es la mejor opción. Recuerda mantenerte a cargo de tu terapia y/o la de tu hijo; y que el propósito de la terapia es capacitar a las personas para que tomen decisiones positivas, manejen sus sentimientos y estén a cargo de sus propias vidas.

6. Ten claras las diferencias entre la terapia para niños y para adultos. El proceso de terapia para niños y adolescentes a menudo es diferente al de los adultos por las razones que presentamos a continuación. Una de las frustraciones de muchos terapeutas infantiles es que los padres no entienden esta diferencia y se dan por vencidos antes de que el niño esté listo.

Duración. Si bien algunos tipos de problemas que enfrentan los niños requieren de apoyo a largo plazo, la mayoría no lo requiere. Sin embargo, la duración de la terapia no indica cuán “buena” es; lo importante es asegurarse de que el tipo de terapia se adapte a la persona y su situación.

A veces los niños enfrentan desafíos que requieren de apoyo continuo. Además, a medida que los niños maduran, los problemas que parecen haber pasado se vuelven a experimentar con una comprensión más madura. Por ejemplo, supongamos que un niño de seis años acaba de perder a un ser querido y parece pasar por su etapa de duelo y seguir adelante. Luego, unos años más tarde, a medida que tiene una mayor comprensión de la muerte, vuelve a experimentar la pérdida de una manera nueva y se aflige nuevamente. Esto puede ser confuso para sus adultos, ya que pensaron que el proceso de duelo había terminado años antes.

Toma de decisiones. Los adultos ELIGEN ir a terapia, incluso si eligen hacerlo simplemente para cumplir con una orden judicial. Por lo general, los niños no eligen ir a terapia y, si bien una “mala terapia” puede ser incómoda, lo cierto es que una terapia buena y efectiva probablemente también sea incómoda. Es posible que un niño no “quiera” ir a terapia. Esto en sí no es un indicador del valor de la terapia o del terapeuta. Como padre, sigue siendo tu responsabilidad evaluar toda la situación constantemente, no sólo reaccionar a las opiniones expresadas por tu hijo.

Quejarse de ir a terapia es normal. Puedes empatizar con estos sentimientos y respetar el derecho de tu hijo a elegir lo que sucede en la terapia sin dejar de insistir en continuar. Por ejemplo, podrías decir: “Esto se trata de salud. No es necesario que te guste, pero sí es necesario que vayas. Y, lo que hagas con tu terapeuta es asunto TUYO. Es mi trabajo crear este espacio en tu vida, así que vamos a ir a terapia. Lo que HAGAS con ese espacio es tu decisión”.

Progreso lento. La paciencia y la perseverancia a través de la incomodidad son importantes, siempre que puedas darte cuenta de que el terapeuta está apoyando el crecimiento de la confianza y las elecciones positivas. Como nos compartió un padre; en muchas situaciones, desarrollar una mejor salud mental puede ser “más como ortodoncia que como recibir puntos”. El proceso de corregir los dientes no se puede apresurar. Incluso en su forma más rápida, es bastante lento. De semana a semana, parece que no hay ningún progreso. Sin embargo, a uno o dos años de iniciar el proceso, mirando hacia atrás, puedes notar un gran progreso y comprender que cada día del proceso fue necesario para llegar a donde estás.

Incomodidad para todos. Ponerse y usar aparatos dentales causa dolor que va y viene. Lo mismo sucede con la terapia.

Cuando a los niños les ajustan los aparatos dentales, podemos empatizar y brindar atención y alivio. Sin embargo, nosotros mismos en realidad no sentimos dolor.

El proceso de criar a un niño en terapia puede ser alegre ocasionalmente, pero, a diferencia de la ortodoncia, es probable que la mayor parte del tiempo sea muy doloroso para los padres, no solo para la persona que recibe tratamiento. Cuando nuestros hijos lidian con sus problemas emocionales, los adultos nos vemos obligados a enfrentar nuestros propios problemas y nuestro profundo arrepentimiento por las formas en que nuestras limitaciones pueden haberles causado daño.

La terapia para los padres es el mejor camino para ayudar al niño. A veces tiene más sentido ayudar a un niño a través del trabajo con uno o ambos padres en lugar de, o además, de la terapia con el niño. Si un terapeuta sugiere esto, los sentimientos de culpa e insuficiencia son normales, especialmente porque la mayoría de los padres están haciendo lo mejor que pueden. Si te sientes culpado o incómodo con el enfoque del terapeuta, exprésate. Tener una conversación abierta permite que el terapeuta explique para que puedas tomar una decisión informada sobre si el enfoque del terapeuta es adecuado para tu hijo.

7. Recuerda que la salud mental no tiene precio. En algunas partes del mundo, los niños y adultos obtienen ayuda con problemas de salud mental más graves de forma gratuita a través de los sistemas de atención de salud financiados por el estado. Si bien esto es excelente para asegurarse de que el dinero no sea un obstáculo para obtener ayuda, puede significar que la elección del terapeuta es más limitada. Aún así, muchas de las recomendaciones presentadas a continuación se seguirán aplicando.

Las personas a veces limitan sus opciones porque sienten que no tienen suficiente dinero o porque quieren mantenerse dentro de los límites de su compañía de seguros. A menudo, decidir pagar la terapia es una cuestión de elección.

Esta es la historia de cómo un padre, al que llamaremos Ben, tomó su decisión:

“Yo era padre soltero de dos niños viviendo con el equivalente al salario de un maestro de primaria. Podría haber argumentado que ‘no puedo permitirme pagar por esto’ y nadie habría discutido conmigo. Muchos habrían estado de acuerdo. Pagué alrededor de $90 a la semana durante 7 años, de mi propio dinero, para enviar a mi hijo a terapia. No me reembolsaron ni obtuve ningún crédito fiscal.

Este fue el precio que pagué. Es dinero que no se destinó a un fondo de jubilación, a los ahorros para la universidad o a los gastos de manutención. Fue difícil y cada centavo valió la pena. ¿De qué sirve una cuenta de ahorros para la universidad si tu hijo es suicida, adicto o no puede funcionar de forma independiente debido a problemas de salud mental profundamente arraigados? Pero, si un joven de 18 años está física y emocionalmente saludable, está en una mejor posición para seguir una educación superior, incluso si no se ahorra todo el dinero”.

Muchísimas personas no tienen suficiente dinero para alimentos o vivienda y es posible que deban abogar por el acceso a servicios profesionales gratuitos o de bajo costo para sus familias. Sin embargo, he escuchado a muchos padres que ganan más dinero que “Ben” decir que no pueden pagar la terapia para ellos o para sus hijos. La forma en que gastamos nuestro dinero refleja nuestros valores personales. “Comida y refugio” deben estar más arriba en esta lista que “terapia”. La televisión por cable o salir a comer probablemente pueden estar más abajo en esta lista.

¿Qué es más importante: más ingresos disponibles, más entretenimiento o una mejor salud mental?

Estigmas Culturales. Un factor a considerar al momento de tomar decisiones sobre si usar o no un seguro es que, lamentablemente, todavía tenemos estigmas culturales en torno a la terapia. Para que el seguro pague la terapia, se requiere un “diagnóstico”. Incluso si algún término “suave” como “trastorno adaptativo” pudiera aplicarse a un niño para que pueda obtener este beneficio financiero, debes considerar las posibles consecuencias.

No hay una respuesta correcta a esta situación. Así es como mi amiga Darla tomó su decisión:

No hay una casilla de diagnóstico para ‘padres tomaron malas decisiones que causaron daños en la vida del niño’. Una vez que decidí pagar el dinero yo misma y no involucrar a una compañía de seguros, el ‘diagnóstico’ dejó de ser el enfoque principal: el terapeuta pudo simplemente enfocarse en el proceso y en mi hija. Además, en la historia clínica de mi hija no quedó registrado un diagnóstico.

No podemos predecir el futuro. Quizás mis hijos tengan un futuro en el que sean imposibles las violaciones de privacidad relacionadas con los registros médicos. Quizás tengan un futuro en el que una historia de terapia sea celebrada en lugar de estigmatizada. Pero, dado que no puedo ver el futuro, no quiero un diagnóstico en el historial de mi hija marcado con el propósito principal de que me reembolsen mi dinero.

Si el proceso de mi hija hubiera sido más complejo, o si sus dificultades hubieran sido más graves, quizá mi decisión habría sido diferente. Pero en ese caso, habría aceptado un historial de diagnósticos que reflejaran fielmente, y no a conveniencia, su situación. Quizá lo hubiera hecho para acceder a recursos que realmente superaran mis posibilidades. En el contexto de mis propios valores y de nuestra situación concreta, no podría justificar que un terapeuta emitiera un diagnóstico sólo para que yo pudiera obtener un reembolso”.

La historia de una madre sobre el camino de su hijo hacia el bienestar mental

La siguiente historia de uno de nuestros padres de Kidpower muestra la lucha que enfrentan muchos padres cuando sus hijos necesitan terapia a largo plazo, así como los beneficios duraderos que pueden obtenerse:

“Cuando busqué un terapeuta por primera vez, mi hijo estaba sufriendo, y en mi corazón, realmente DESEABA que la terapia pudiera ser como recibir puntos. Quería que su dolor fuera una herida identificable que pudiera cerrarse prolija y hábilmente. Quería que su dolor se detuviera en un plazo que un profesional pudiera predecir y garantizar. Luego, quise que la herida se convirtiera en parte del pasado.

Una vez que acepté que lo que deseaba en mi corazón no era posible y cambié a la ‘visión ortodóncica’ de que lo que buscaba era un cambio y crecimiento a largo plazo, estuve en una mejor posición para apoyar la salud mental de mi hijo. Acepté que el proceso probablemente no me daría satisfacción ni resolución a corto plazo.

Aprendí que ser un padre que apoya a un niño en terapia significaba manejar mis propios desencadenantes personales sobre muchos temas. Mantener la comunicación con el terapeuta y construir una relación de confianza y límites me ayudó significativamente. Sin embargo, la parte más incómoda fue la vulnerabilidad de dejar entrar a alguien en la vida de mi familia de esta manera. Esta persona escucha historias sobre ti, sobre hermanos, sobre el otro padre y sobre la dinámica y los comportamientos de tu familia. Para mí fue tan íntimo como dejar que alguien se paseara por mi casa inspeccionando todos mis espacios personales mientras yo estaba fuera.

Esta sensación de intrusión se vio agravada por el hecho de que la terapia también genera dolor para los padres. A medida que la confianza fue creciendo, todo esto se hizo más fácil. Pero esta combinación de dolor y vulnerabilidad fue un gran obstáculo para mí personalmente, y puedo imaginar que muchos padres pueden sentir aversión por este sentimiento y alejarse. Eso es una lástima, porque la terapia le ha traído grandes regalos a mi hijo y a toda mi familia. Los beneficios han superado significativamente a la incomodidad.

Alrededor de 10 meses después de haber iniciado el proceso de terapia de mi hijo, tenía dudas sobre si esto iba a funcionar – dudas como: ‘¿Es esta la terapeuta adecuada para nosotros?’, y: ‘¿Es este un buen uso del dinero cuando mi hijo parece pasar toda la hora sin hablar o simplemente tirando dardos a los soldados de juguete?’

En ese entonces mi hijo tenía alrededor de 7 años. Mi objetivo era apoyar su salud mental de aquel momento y también apoyar el desarrollo de estructuras para su bienestar a largo plazo. Los factores estresantes que estaban en el centro de muchos de los desafíos en la vida de mi hijo, no desaparecerían: necesitaba desarrollar herramientas duraderas para cuidarse a sí mismo con la realidad de estos factores estresantes en su vida durante años. Me di cuenta de que mi decisión de continuar con la terapia de mi hijo NO se trataba de seguir con esta terapeuta o renunciar. Se trataba de seguir con esta terapeuta o comenzar con alguien diferente.

“Ahora, trece años después, me estremezco al pensar en la facilidad con la que podría haber renunciado en ese punto de diez meses. Habría sido tan fácil decir que el proceso fue una pérdida de tiempo, que no había progreso, que no valía la pena. Trabajamos a través de la incomodidad y decidí que valía la pena invertir más en esta terapeuta. Como resultado, ella y mi hijo desarrollaron las raíces de una relación terapéutica sólida que le ha brindado a mi hijo un apoyo extraordinario durante muchos años.

Curiosamente, como adulto, mi hijo eligió por su cuenta regresar a su terapeuta para obtener apoyo con los desafíos de la adultez temprana. Este proceso no me involucra en absoluto; el niño que se quejaba incesantemente de ir a terapia ahora programa sus propias citas y llega a ellas sin hablar conmigo.

Al mismo tiempo, supongo que de una manera más profunda, su proceso actual SÍ me involucra: su acción actual refleja un entendimiento de que buscar ayuda no es algo de qué avergonzarse, vale la pena y es un signo de fortaleza y coraje. Refleja la comprensión de que el bienestar emocional y las relaciones seguras y saludables valen el tiempo, el dinero y algunas molestias. Refleja la comprensión de que reconocer tu propia vulnerabilidad puede llevarte a lugares maravillosos. Creo que mi liderazgo y mi compromiso de seguir bien el proceso de terapia jugaron un papel importante en inculcar esas lecciones. Me siento orgullosa de esto y orgullosa de él”.

Cuando las personas están pasando por un momento difícil, el tiempo y la energía necesarios para encontrar el tipo adecuado de ayuda profesional pueden parecer abrumadores y la terapia en sí puede ser dolorosa y frustrante, pero la recompensa de una mejor salud mental para tu hijo, tu familia y tú mismo vale la pena.

La mala salud mental causa estrés. Y el estrés crónico a cualquier edad es malo para nuestro cuerpo y puede hacer que sea más difícil hacernos cargo de nuestro bienestar. Por ejemplo, los estudios de experiencias adversas en la infancia (ACE, por sus siglas en inglés) en adultos, encontraron una fuerte correlación entre las experiencias dañinas en la niñez y un riesgo mucho mayor de problemas emocionales y de salud graves incluso décadas después.

Obtener ayuda profesional lo antes posible puede ayudar tanto a jóvenes como a adultos a recuperarse del trauma; mejora la comunicación; mejora la gestión de los desafíos emocionales, físicos, intelectuales y situacionales; reduce el estrés y promueve el desarrollo de relaciones positivas que enriquecerán nuestras vidas.

Recursos adicionales

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Traducción de Ana Fernanda Uribe

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Fecha de Publicación: May 2, 2023   |   Última actualización: May 2, 2023

Kidpower Founder and Executive Irene van der Zande is a master at teaching safety through stories and practices and at inspiring others to do the same. Her child protection and personal safety expertise has been featured by USA Today, CNN, Today Moms, the LA Times, and The Wall Street Journal. Publications include: cartoon-illustrated Kidpower Safety Comics and Kidpower Teaching Books curriculum; Bullying: What Adults Need to Know and Do to Keep Kids Safe; the Relationship Safety Skills Handbook for Teens and Adults; Earliest Teachable Moment: Personal Safety for Babies, Toddlers, and Preschoolers; The Kidpower Book for Caring Adults: Personal Safety, Self-Protection, Confidence, and Advocacy for Young People, and the Amazon Best Seller Doing Right by Our Kids: Protecting Child Safety at All Levels.